Te estiro la pierna
hacia mí y empiezo
besándote el talón
como si fueras Aquiles
y solo ahí estuviera
tu debilidad
Cuando cerrás los ojos
dejás de intentar
adivinarme y me liberás
de tu atención
en cada movimiento
que insinúo
Y yo misma
me libero
de tener que saber
cómo seguir,
me abandono
al instante único
Cuando me doy cuenta
llegué a tus rodillas
y de cada centímetro
soy devota,
compenso las veces
que las pasé por alto
Los muslos ya son
una tierra extensa
y me desboco
como una yegua
que quiere pisar
cada monte
El tiempo
reanuda
cada vez
que me separo
de tu piel
para dar
una bocanada
y volver
a hundirme
Te miro para saber
si querés que pare
y justo me mirás
para ver si sigo
y ese roce
de intenciones
es el viento
que prende fuego
a la yesca